Sobre mí

Construyo negocios
felices.

Luis Perera Pastry Coach

De pequeño no jugaba. Amasaba.

Me crié en La Palma, una de las Islas Afortunadas, entre la harina y el calor del horno de pastelería de mi madre. Amasaba con las manos, discutía con mis hermanos para que todo funcionara, y por la noche dormía con el olor de la fermentación de los bollos que mi madre horneaba cada mañana para que estuvieran calientes cuando llegaran los primeros clientes.

Desde niño aprendí que los buenos resultados no se improvisan. Se construyen con paciencia, trabajo y amor por lo que haces.

Llegó un momento en que la pastelería de mi madre ya no me ofrecía nuevos desafíos. Y yo tenía sueños. Quería crecer. Y para crecer tenía que marcharme.

Con 18 años recién cumplidos, sin nada asegurado y con el miedo de quien deja atrás todo lo conocido, cogí lo poco que tenía, dinero justo para comer y pagarme una semana de alojamiento, y viajé solo a Tenerife. La isla de al lado. Pero un mundo completamente diferente.

Durante el viaje en barco miraba el océano y me sentía libre.

Cuando llegué busqué donde quedarme la primera noche y conocí a una señora a la que le conté por qué estaba allí. Ella me ofreció que me quedara en una de sus casas de alquiler. Creo que me vio tan joven y tan ilusionado que decidió ayudarme. Por la mañana me dijo que fuera a un restaurante que ella conocía y que les contara lo que sabía hacer. Fui. Les conté. Y me contrataron ese mismo día para hacerme responsable de los postres.

Pero mi sueño era otro.

Cada tarde caminaba por los hoteles de la isla. Veía a los trabajadores empujando los carros de ropa sucia y pensaba: ojalá pudiera estar aunque sea en su lugar. Mi sueño era poder trabajar en los hoteles. Entregué mi currículum en el hotel en el que soñaba trabajar. No hubo respuesta. Pasó un mes. Y cuando ya casi había dejado de esperar, me llamaron.

Para mi sorpresa. No era para los carros de ropa sucia.
Era para la pastelería.

Y así empezó todo. De ayudante de pastelería pasé a dirigir equipos en hoteles de 5 estrellas. Trabajé junto a chefs con estrellas Michelin. Inauguré todos los hoteles que abrieron en esa época en la isla de Tenerife.

Los primeros años me enseñaron algo que ningún libro explica: la técnica por sí sola no sirve para nada. Los problemas reales no eran las recetas. Eran las personas. Los equipos que no se coordinaban. Los negocios que no tenían sistema. Los líderes que sabían hacer pero no sabían delegar.

He tenido la suerte de compatir junto a algunos de los mejores pasteleros del mundo: Antonio Bachour, Carles Mampel, José Manuel Samper, Josep Maria Ribé. Entre otros. Con ellos no solo aprendí técnicas de élite. Aprendí a exigirme de otra manera. Aprendí que cuando trabajas al lado de quienes tienen una estrella Michelin, el listón se mueve para siempre.

Después de 40 años en el sector, inaugurando hoteles de 5 estrellas, dirigiendo equipos durante más de una década, entendí que la diferencia no estaba en la carta. Estaba en el sistema. En el liderazgo. En saber construir un equipo que funcione incluso cuando tú no estás.

Por eso desarrollé un método. Un método que no viene de un máster. Viene de las cocinas, de los hoteles, de los errores propios y del aprendizaje junto a los mejores.